Sobre el control de velocidad en Mota del Cuervo
Ante las circunstancias que han rodeado las sanciones por exceso de velocidad dentro del municipio es preciso realizar algunas aclaraciones para que cualquier persona pueda tener una opinión al respecto, pero basada en datos ciertos y correctos.
De esta manera, cabe destacar que la medida de la instalación de un radar para controlar la velocidad surge del análisis de un problema en el pueblo, sobre todo en ciertas zonas, que es el exceso de velocidad. Algo incontestable y que muchos vecinos y vecinas han trasladado por escrito al Ayuntamiento desde hace muchos años. Por supuesto, de palabra son decenas y decenas de personas las que han hecho saber esta queja. Por lo tanto, no es una medida que pretenda otra cosa diferente a reducir la velocidad, algo que los moteños y moteñas ven como un problema.
Además, y sin eludir la más mínima responsabilidad, cabe recordar que la primera solución del equipo de gobierno fue anunciar la instalación de reductores de velocidad (resaltos) en algunas zonas, algo que supuso ciertas quejas bastante justificadas entre algún vecino y, sobre todo, colectivos que se sentían dañados por esta decisión. Por lo tanto, hubo que actuar con otras soluciones porque lo que no sería admisible es saber que existe un problema y no hacer nada al respecto, eso no va con nosotros.

La gravedad de un exceso de velocidad no puede dejarse de lado en esta cuestión. Además de que la ciudadanía de Mota percibe negativamente esta cuestión, no podemos olvidar que se sancionan infracciones, no son multas injustas sino que responden a una acción que merece, legalmente, una sanción. Así, mientras en un atropello a 30 km/h la probabilidad de heridas mortales es del 10% –es decir, que el 90% de los peatones sobrevive al mismo–, esta probabilidad de morir crece hasta el 80% a solo 50 km/h y roza el 100% a partir del 60 km/h, según varios estudios internacionales de la OMS, y OCDE/ECMT. Sucede algo similar en los choques ya que, según el Departamento de Transportes de Reino Unido con accidentes reales y con cinturón de seguridad, a 48 km/h existe un 3% de posibilidades de morir; 19% a 64 km/h; 65%, a 80 km/h y un 92% a 96 km/h. Así, al duplicar la velocidad la probabilidad de morir se multiplica por 30.
Solo con estas aclaraciones parecería fácil decir que no existe un intento de recaudar sino de solucionar un problema. Pero es más claro todavía si tenemos en cuenta otras cuestiones como que se avisó de esta decisión a través de los medios de comunicación, las redes y web del ayuntamiento (sin recibir comentarios en contra, más al contrario) y que durante meses se ha anunciado incluso el día que se instalaría (generando, además, el cachondeo de muchos vecinos por lo “protectores” que se estaba siendo para intentar avisar y no multar a nadie). Por supuesto, las calles donde se instala el radar han sido enunciadas todas y cada una de ellas, sin excepción. No se ha instalado nunca el radar fuera de calles o zonas que no hayan sido publicadas y, por supuesto, no se ha instalado nunca más de uno simultáneamente.
La elección de las calles o zonas es otra cuestión muy importante. Por supuesto, se ha habilitado para instalar el medidor de velocidad en los puntos donde se ha estimado podía haber mayores problemas. A esta conclusión se llega a través de un trabajo con policía local y, también, a través de las propias quejas de los vecinos y vecinas. Esas mismas que avisaban de excesiva velocidad han servido para conocer dónde había que instalar este elemento. De hecho, hay algunas zonas que no han tenido nunca el velocímetro instalado y que, por desgracia, suelen sobrepasar la velocidad de manera común. Además de las quejas vecinales o el trabajo del ayuntamiento para ver donde sería más interesante instalar este medidor para ganar en seguridad, nunca para sancionar más, se ha tenido en cuenta zonas de muy altas velocidades (en algunas con accidentes muy graves dentro de esta legislatura y que hay que alegrarse no tuvieron las peores consecuencias), zonas de trasiego de niños y niñas (por estar cerca o centros escolares o parques y zonas de juego).
La legislación permite multar desde la velocidad mínima de la vía (en este caso sería desde 31 km/h) Si fuera mínimamente cierta la interesada acusación de pretender recaudar, el radar instalado en Mota habría “saltado” a partir de 32 km/h (para salvar el margen de error de 2 km/h que tiene este modelo). Nada más lejos de la realidad. En la zona que más quejas está generando el radar ha saltado a 60 o 65 km/h. Quiere decir que había que circular a más del doble de la velocidad permitida para que hubiera foto y posterior denuncia. Dejando claro que no se pretendía multar a la gente sino disminuir la alta velocidad reduciendo así cualquier tipo de accidente o las consecuencias si se producían.
Es cierto que la instalación ha ido modificándose y, una vez más, ha sido para ajustarla a los objetivos previstos y comunicados a toda la población: reducir la velocidad multando lo menos posible.
Por lo tanto, en resumen, parece poco serio intentar mantener que se pretende multar cuando te han avisado de la instalación del radar, te han dicho dónde y cuándo, y te han permitido circular a más del doble de la velocidad (en el punto más complicado y que más multas y quejas ha generado, en otras zonas no es tan amplio el margen)
Por último, y para que no quede ninguna sombra sobre esta cuestión, el ayuntamiento no utilizará el dinero recaudado por las multas de velocidad para ninguna otra cuestión que no sea relacionada con la solución del problema. Así, con el mismo se desarrollará algún proyecto de tráfico (como unas pistas de enseñanza de tráfico en el Centro Ocupacional) u otros como Caminos Escolares Seguros y/o charlas y talleres para nuestros jóvenes. Ese dinero surge por la necesidad de evitar desgracias irreparables y tiene que servir para seguir avanzando en eso, para ninguna otra cosa.
